Fue un brillante cirujano y consagrado académico de la UASD
Escrito por: FERNANDO SÁNCHEZ MARTÍNEZ
(fernando.sanchez@codetel.net.do)
Escrito por: FERNANDO SÁNCHEZ MARTÍNEZ
(fernando.sanchez@codetel.net.do)
En medio de las afanosas actividades de los días navideños, el día 17 de
diciembre falleció el Dr. Napoleón Perdomo (Pipí). El Dr. Perdomo fue un
brillante cirujano y consagrado académico. Nació en Santo Domingo el 20 de
noviembre de 1921, hijo de los esposos Américo Perdomo Frier y Fredesvinda
Altagracia Camarena. Ingresó a la Universidad de Santo Domingo en 1940,
invistiéndose como Doctor en Medicina el 25 de febrero de 1946, junto a 60
compañeros de promoción, entre los cuales estaban: Mariano Lebrón Saviñón, Mario
Fernández Mena, Simón Hoffiz, Adolfo Pérez González, Clarence Charles Dunlop,
Juan Read Encarnación, Julio César García y Jaime Acosta Torres.
En 1952 obtuvo una beca por mediación de la Universidad para realizar la especialidad de Urología en la Universidad de Wisconsin, Madison, Estados Unidos. En su dilatada vida profesional ejerció los siguientes cargos: Practicante del hospital Padre Billini y del hospital de niños Ramfis; Médico Interno y luego Urólogo del hospital William Morgan; Cirujano del Hospital Infantil Angelita; Jefe del Servicio de Urología del hospital militar Dr. Ramón de Lara; Jefe del Servicio de Urología del Hospital Salvador B. Gautier y miembro del Consejo Médico del lnstituto de Oncología.
Inició la carrera académica en la Facultad de Ciencias Médicas desde el primer escalón, hasta lograr el máximo lugar en la Universidad Autónoma de Santo Domingo: Monitor del Instituto de Anatomía, Ayudante de Profesor, Profesor de Anatomía, Sub-Director del Instituto de Anatomía, Profesor Titular, Director del Departamento de Ciencias Morfológicas y Profesor Meritísimo.
El Dr. Perdomo fue de los escasos profesores de la Facultad de Medicina que se mantuvo en la Universidad Autónoma de Santo Domingo cuando se produjo el Movimiento Renovador, en 1965. Pese a que nunca participó en actividades políticas, se vio involucrado en dos acontecimientos de gran importancia histórica, los cuales asumió con total responsabilidad.
El primero lo narró el Dr. Abel González: “A las cinco de la mañana el director del hospital militar Francisco González Cruz me dijo: apareció el cadáver de Trujillo; hay que embalsamarlo y tú lo harás. No puedo, nunca he hecho eso. Eso sólo lo hacen los profesores de Anatomía de la Universidad, Goico, Capellán y Pipí Perdomo. Si tengo que hacerlo buscaré la información. A las cinco de la mañana le toqué la puerta a Perdomo, acompañado de otro médico militar. Abrió la puerta aterrorizado. A esa hora y sin hacer preguntas, nos explicó cómo embalsamar un cadáver”. (Listín Diario, domingo 19 de septiembre de 1999. PP. 12-13B).
El segundo acontecimiento histórico sucedió en el Instituto de Anatomía de la Universidad de Santo Domingo, cuyo Director era el Dr. Alejandro Capellán, siendo el Dr. Perdomo el Sub-Director. Corría el año 1949 “cuando una mañana aparecieron en el sótano del Instituto de Anatomía unos cadáveres quemados” correspondientes a los expedicionarios de la gesta de Luperón, entre los cuales identificaron los del médico Reyes Valdez y el Ing. Hugo Kunhardt. Fueron colocados en el fondo de lo que se denominó “la tina sagrada” para que no fueran utilizados por los estudiantes en la práctica de disección. Se les mantuvo en solución de formol por espacio de trece años, hasta que en 1962, una vez desaparecidos los remanentes de la tiranía trujillista, fueron entregados a las autoridades universitarias. “Estos cadáveres fueron enterrados en el mausoleo que se levantó en memoria de los héroes de esta gesta patriótica.” (Rodríguez Grullón, Julio M. y Defilló Ricart, Mariano; Dr. Alejandro Capellán, anatomista y cirujano prominente. Acta Médica Dominicana. Enero-febrero 1984. PP. 18-20).
El Dr. Napoleón Perdomo se distinguió por el trato afable y caballeroso hacia los colegas, estudiantes y pacientes. Le sobreviven su esposa Doña Rosa Amelia Jiménez y sus hijos Fernando Américo, Juan Emilio y Luisa María. Esperamos que la Facultad de Ciencias de la Salud de la UASD -donde laboró de manera ininterrumpida durante 38 años- organice un acto en honor al valioso médico y ejemplar ciudadano que fue el Dr. Napoleón Américo Perdomo Camarena.
En 1952 obtuvo una beca por mediación de la Universidad para realizar la especialidad de Urología en la Universidad de Wisconsin, Madison, Estados Unidos. En su dilatada vida profesional ejerció los siguientes cargos: Practicante del hospital Padre Billini y del hospital de niños Ramfis; Médico Interno y luego Urólogo del hospital William Morgan; Cirujano del Hospital Infantil Angelita; Jefe del Servicio de Urología del hospital militar Dr. Ramón de Lara; Jefe del Servicio de Urología del Hospital Salvador B. Gautier y miembro del Consejo Médico del lnstituto de Oncología.
Inició la carrera académica en la Facultad de Ciencias Médicas desde el primer escalón, hasta lograr el máximo lugar en la Universidad Autónoma de Santo Domingo: Monitor del Instituto de Anatomía, Ayudante de Profesor, Profesor de Anatomía, Sub-Director del Instituto de Anatomía, Profesor Titular, Director del Departamento de Ciencias Morfológicas y Profesor Meritísimo.
El Dr. Perdomo fue de los escasos profesores de la Facultad de Medicina que se mantuvo en la Universidad Autónoma de Santo Domingo cuando se produjo el Movimiento Renovador, en 1965. Pese a que nunca participó en actividades políticas, se vio involucrado en dos acontecimientos de gran importancia histórica, los cuales asumió con total responsabilidad.
El primero lo narró el Dr. Abel González: “A las cinco de la mañana el director del hospital militar Francisco González Cruz me dijo: apareció el cadáver de Trujillo; hay que embalsamarlo y tú lo harás. No puedo, nunca he hecho eso. Eso sólo lo hacen los profesores de Anatomía de la Universidad, Goico, Capellán y Pipí Perdomo. Si tengo que hacerlo buscaré la información. A las cinco de la mañana le toqué la puerta a Perdomo, acompañado de otro médico militar. Abrió la puerta aterrorizado. A esa hora y sin hacer preguntas, nos explicó cómo embalsamar un cadáver”. (Listín Diario, domingo 19 de septiembre de 1999. PP. 12-13B).
El segundo acontecimiento histórico sucedió en el Instituto de Anatomía de la Universidad de Santo Domingo, cuyo Director era el Dr. Alejandro Capellán, siendo el Dr. Perdomo el Sub-Director. Corría el año 1949 “cuando una mañana aparecieron en el sótano del Instituto de Anatomía unos cadáveres quemados” correspondientes a los expedicionarios de la gesta de Luperón, entre los cuales identificaron los del médico Reyes Valdez y el Ing. Hugo Kunhardt. Fueron colocados en el fondo de lo que se denominó “la tina sagrada” para que no fueran utilizados por los estudiantes en la práctica de disección. Se les mantuvo en solución de formol por espacio de trece años, hasta que en 1962, una vez desaparecidos los remanentes de la tiranía trujillista, fueron entregados a las autoridades universitarias. “Estos cadáveres fueron enterrados en el mausoleo que se levantó en memoria de los héroes de esta gesta patriótica.” (Rodríguez Grullón, Julio M. y Defilló Ricart, Mariano; Dr. Alejandro Capellán, anatomista y cirujano prominente. Acta Médica Dominicana. Enero-febrero 1984. PP. 18-20).
El Dr. Napoleón Perdomo se distinguió por el trato afable y caballeroso hacia los colegas, estudiantes y pacientes. Le sobreviven su esposa Doña Rosa Amelia Jiménez y sus hijos Fernando Américo, Juan Emilio y Luisa María. Esperamos que la Facultad de Ciencias de la Salud de la UASD -donde laboró de manera ininterrumpida durante 38 años- organice un acto en honor al valioso médico y ejemplar ciudadano que fue el Dr. Napoleón Américo Perdomo Camarena.





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